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Nadie
que se acerque al santuario de Nuestar Señora de la Sierra
en este día puede sentirse forastero. La fiesta que en el
se celebra es eminentemente participativa y jovial, porque la protagonizan
unas gentes excepcionalmente abiertas y dispuestas a hacer pasar
un magnífico día romero en los bonitos parajes que
ofrece la Sierra de la Cueva. Después de trasladar a la carrera
desde Villarrubia de los Ojos, a doce kilómetros, la pequeña
imagen de la Virgen hasta el santuario de la Virgen de la Sierra,
los romeros se entregan al buen comer y beber, aspectos que no pasan
inadvertidos y son parte fundamental de cualquier romería
nacional. Las exquisitas migas manchegas presiden el reparto, en
el que se puede participar portando tan solo un pequeño recipiente,
y si no, las manos, donde recogerlas. El vino de la tierra, de exquisito
paladar, riega las gargantas y el buen humor reina en una celebración
que comienza a penas despunta el tímido sol de invierno y
que culmina bien entrada la noche, habiendo dejado atrás
un día innolvidable donde la música, los buenos alimentos,
la alegría y el compañerismo son las notas predominantes
en la romería de Villarrubia de los Ojos.
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